llamaban “wandjinas”.
Las pinturas representan figuras, algunas llegando a medir hasta seis metros, y con unos rostros blancos y sin boca. Sus cabezas están rodeadas por semicírculos en forma de herradura que parece irradiar una especie de energía.
En estas pinturas aparecen figuras de seres calzados con sandalias (cuando los aborígenes siempre han ido descalzos), variando el número de dedos de las manos y de los pies de 3 a 7.
En otros de los puntos sagrados de los aborígenes australianos, también se libraron duros combates entre el Dios del Sol, que llegó del cielo en una nave y el Dios de la Tierra. Los vestigios de estas luchas quedaron reflejados en los extraños monolitos y formas que se encuentran diseminados por toda Australia.
Otra leyenda habla de una raza de gigantes vivía en Australia, y su altura alcanzaba en algunos casos los 5 metros. En mayo de 1.970 fue descubierta una huella de un pie humano de 59 centímetros de largo por 18 de ancho. Una impresión en yeso se puede ver en el Mount York Natural History Museum en Mount Victoria.
Hachas de mano, mazas, cuchillos y otras herramientas, cuyo peso oscila entre los 5 y 16 kilos han sido localizados en excavaciones en las Montañas Azules de Nueva Gales del Sur. Estas herramientas sólo pudieron ser fabricadas y utilizadas por gentes de estatura y fuerza descomunal, seres con una talla el doble de la de una normal.